Nicolás Melini

Agoreros de la democratización del cine; gracias al digital, dicen. Cualquiera que tenga algo que contar puede hacerlo.
Y es verdad que prolifera la producción de películas cortas y largas y se producen muchas más que antes. Pero ¿es cierto que el cine ahora lo hace todo el mundo?
Antes del digital coexistían un tipo de producción espectáculo y un tipo de producción con ínfulas artísticas, y el cine se daba en unas u otras –siempre escasamente— dependiendo del talento de sus hacedores.
Tras la irrupción del digital se ha ensanchado una zona intermedia. Ni una cosa ni la otra. Prolifera un tipo de producción que no puede ser espectacular ni atesora grandes presupuestos intelectuales. Estas producciones se limitan a narrar la anécdota con gracia, superficialmente, glosando las ideas más inmediatas, en algo que “no podemos calificar de cine”, y que más bien pertenece al ámbito genérico de “lo audiovisual”.
No es el cine lo que se democratiza.
El cine sigue siendo algo excepcional.
En los anaqueles donde se exhiben los libros de ficción que se publican en el país, obsérvese la estupenda presencia de ejemplares de aquello que no es literatura.
Personalmente no tenemos nada en contra. Best Seller, Novela Histórica, Libros de Autoayuda. (Nos basta con no leerlos y no nos preocupa en absoluto lo que alguien pueda hacer con su tiempo de lectura).
Pero, para vender apenas un poco más, en un mercado tan pequeñito como el del libro en español, las editoriales parecen haberse visto abocadas a publicar como literatura cosas que no lo son; a conceder, por ejemplo, premios “literarios” a escritores más o menos mediáticos que no pasan de ser meros redactores de escenas con sus correspondientes diálogos.
Y ahí sí tenemos un problema. Porque redactar no es escribir. Y porque se pasa por una cosa algo que no lo es. Y porque quienes obtienen esos premios se presentan como autores de literatura y se convierten en ejemplo para los lectores y los nuevos escritores en una espiral de trivialización que ya toca todos los estamentos; editores, medios de comunicación, críticos…
Son algunas de las confusiones premeditadas de nuestro tiempo.
¿Por qué lo llaman literatura cuando quieren decir comida para los pollos?
¿Por qué lo llaman cine cuando quieren decir comida de los pollos?

Agoreros de la democratización del cine; gracias al digital, dicen. Cualquiera que tenga algo que contar puede hacerlo.
Y es verdad que prolifera la producción de películas cortas y largas y se producen muchas más que antes. Pero ¿es cierto que el cine ahora lo hace todo el mundo?
Antes del digital coexistían un tipo de producción espectáculo y un tipo de producción con ínfulas artísticas, y el cine se daba en unas u otras –siempre escasamente— dependiendo del talento de sus hacedores.
Tras la irrupción del digital se ha ensanchado una zona intermedia. Ni una cosa ni la otra. Prolifera un tipo de producción que no puede ser espectacular ni atesora grandes presupuestos intelectuales. Estas producciones se limitan a narrar la anécdota con gracia, superficialmente, glosando las ideas más inmediatas, en algo que “no podemos calificar de cine”, y que más bien pertenece al ámbito genérico de “lo audiovisual”.
No es el cine lo que se democratiza.
El cine sigue siendo algo excepcional.
***
En los anaqueles donde se exhiben los libros de ficción que se publican en el país, obsérvese la estupenda presencia de ejemplares de aquello que no es literatura.
Personalmente no tenemos nada en contra. Best Seller, Novela Histórica, Libros de Autoayuda. (Nos basta con no leerlos y no nos preocupa en absoluto lo que alguien pueda hacer con su tiempo de lectura).
Pero, para vender apenas un poco más, en un mercado tan pequeñito como el del libro en español, las editoriales parecen haberse visto abocadas a publicar como literatura cosas que no lo son; a conceder, por ejemplo, premios “literarios” a escritores más o menos mediáticos que no pasan de ser meros redactores de escenas con sus correspondientes diálogos.
Y ahí sí tenemos un problema. Porque redactar no es escribir. Y porque se pasa por una cosa algo que no lo es. Y porque quienes obtienen esos premios se presentan como autores de literatura y se convierten en ejemplo para los lectores y los nuevos escritores en una espiral de trivialización que ya toca todos los estamentos; editores, medios de comunicación, críticos…
***
Son algunas de las confusiones premeditadas de nuestro tiempo.
¿Por qué lo llaman literatura cuando quieren decir comida para los pollos?
¿Por qué lo llaman cine cuando quieren decir comida de los pollos?






